El Árbol

2 09 2012

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La modestia de los árboles es infinita. Cuando la brisa matinal los acaricia, ellos dejan caer dos hojas tiernas, y cuando el vendaval los agrede sin piedad, endurecen sus ramas como rejas. Su tronco recobra entonces la solidez de su origen, y el temporal se aleja, con lluvia de vencido.

Mario Benedetti. “Vivir adrede”, pàg 41.